El peligro subyacente de haber matado a un perro ante el riesgo de Ébola.

sábado, 11 de octubre de 2014



Es sólo un perro, dirán algunos. Y puestos a elegir entre un perro y poner en riesgo a la población ante un posible contagio de Ébola, mejor matar a Excalibur, el perro de Teresa Romero, la enfermera ingresada por Ébola.

Es cierto que no existe, al menos en España, una forma de saber si el perro hubiera podido estar contagiado por Ébola. Pero también es cierto que por ser el primer caso, una opción hubiera podido ser el asilarlo y estudiar los riesgos de esta decisión a fondo, pues parece ser que los encargados de tomar esta decisión ya han olvidado los problemas que podrían causar en un futuro, problemas que ya se han dado en el pasado.

Lo que para algunos es únicamente un perro, para otros es uno más de la familia. Hay personas que no tienen hijos y cuya mascota lleva con ellos más de 10 años.

Durante el huracán Katrina se instalaron refugios para proteger a la gente, y cometieron el error de no admitir mascotas ni hacer otros refugios específicos para animales. Aquella decisión llevó a muchas familias a quedarse en casa a pesar del riesgo, por tal de no abandonar a sus perros o gatos, lo que les acabó costando la vida.

Entiendo que las personas a las que no les gustan los animales, no puedan llegar a imaginar de la forma que se pueden llegar a querer, como si fuera un hijo o un gran amigo. Y a los hijos y buenos amigos no se les abandona en los momentos críticos.

Imaginemos un escenario en el que el Ébola se sale de control, y una familia con un miembro afectado sabe que matarán al perro. Probablemente esa persona hiciera todo lo posible por esconder al animal para evitarlo, como si ese perro fuera un judío durante el nazismo, pudiendo poner en peligro a otras personas con el fin de proteger a su mascota.

Esta situación se puede evitar únicamente si una familia sabe que las autoridades cuidarán y estudiarán a la mascota con el fin de preservar su vida hasta el último momento.

Irónicamente, Eric Leroy, uno de los mayores expertos en este tema, advirtió de que no se debía matar al perro, pues desde el punto de vista científico, tenía mucho valor para entender mejor la enfermedad en caso de que finalmente el perro estuviera infectado. Pero nadie pidió consejo a este hombre antes de actuar, pues ser considerado el mejor en un campo determinado, parece no estar muy valorado por estos lares.

Lejos de valorar si la decisión ha sido acertada o errónea, cuanto menos, ha sido una decisión muy poco pensada y llevada a la ligera sin analizar las consecuencias futuras.

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